Por Haydis Rosario Severino
Directora Ejecutiva de MOGUR Grupo Empresarial, S.R.L.
El costo invisible de la informalidad para la competitividad de las empresas De acuerdo con el Banco Central, la informalidad laboral se ha mantenido entre 48 % y 51 % durante los últimos cinco años, lo que evidencia que se trata de un desafío estructural más que coyuntural. Al mismo tiempo, Estados Unidos continúa siendo el principal destino de las exportaciones dominicanas, concentrando cerca de la mitad de las ventas externas del país. Estas dos realidades, que a primera vista parecen independientes, están profundamente relacionadas. En una economía cada vez más integrada a los mercados internacionales, la capacidad de competir ya no depende únicamente de producir más o a menor costo, sino también de generar confianza, cumplir estándares y ofrecer la certeza que demandan los inversionistas y socios comerciales. Es precisamente en ese punto donde emerge el costo invisible de la informalidad para las empresas formales.
Existe, sin embargo, un costo que rara vez aparece en los estados financieros ni puede cuantificarse en una factura. De acuerdo con el análisis del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), la República Dominicana registra una informalidad legal de 48.3 %, un nivel cercano al promedio de América Latina, lo que refleja la persistencia de un desafío estructural para la productividad. En ese contexto, las empresas formalmente establecidas desarrollan sus operaciones enfrentando desafíos adicionales para la inversión, la innovación y el crecimiento. La inversión en cumplimiento normativo, desarrollo del talento, transformación digital y mejora continua representa un esfuerzo permanente que fortalece su competitividad, pero que también exige mayores recursos para generar valor y expandirse hacia nuevos mercados.
La formalidad también amplía las oportunidades de crecimiento empresarial. Facilita el acceso al crédito, fortalece la confianza de clientes e inversionistas y abre las puertas a nuevos mercados, certificaciones y alianzas estratégicas. Según la Oficina Nacional de Estadística, el 57.7 % de los trabajadores con educación universitaria se encuentra en el sector formal, reflejando la estrecha relación entre formalización, desarrollo del talento y mayor productividad. En ese sentido, la formalización no debe entenderse únicamente como el cumplimiento de un marco regulatorio, sino como una inversión que fortalece la capacidad de competir y crecer de manera sostenible.
En un contexto de cadenas globales de valor cada vez más integradas, las decisiones de inversión y de abastecimiento no se basan únicamente en la calidad de los productos o en la competitividad de los costos. También influyen factores como la estabilidad del entorno de negocios, la transparencia, la trazabilidad de las operaciones y el cumplimiento de estándares laborales, fiscales y de gobernanza. Estos elementos fortalecen la confianza de inversionistas y socios comerciales, y contribuyen a posicionar a los países como destinos más atractivos para la inversión y el comercio.
La formalidad se convierte en un factor de confianza que facilita las relaciones comerciales, reduce riesgos y fortalece la credibilidad ante inversionistas y socios estratégicos. Esta realidad adquiere especial relevancia para la República Dominicana, considerando que en 2025 Estados Unidos recibió el 53 % de las exportaciones dominicanas. En ese escenario, un entorno empresarial cada vez más formal representa una ventaja para atraer inversión e integrarse a cadenas globales de valor.
Como plantea el más reciente análisis del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, la informalidad no responde a una única causa, sino a un fenómeno estructural y heterogéneo que combina brechas de productividad, barreras institucionales y condiciones del mercado laboral. Promover la formalización empresarial es fortalecer la competitividad del país. Más allá de sus implicaciones tributarias, significa crear un entorno que incentive la inversión, la innovación y el crecimiento. El verdadero costo invisible de la informalidad no se mide únicamente en recursos, sino en las oportunidades que la República Dominicana puede dejar de aprovechar para consolidarse como un socio confiable y competitivo en la economía global.
Aviso: las opiniones expresadas en este artículo reflejan únicamente el criterio personal del autor(a) y no constituyen, en ningún caso, una posición institucional ni un comunicado oficial de AMCHAMDR.





